Tradicionalmente, y hasta bien entrada la década de los años setenta, los exámenes preventivos se realizaban con periodicidad fija; en general, anualmente. A medida que los estudios epidemiológicos y clínicos aportaron datos más precisos acerca de la historia natural de las enfermedades y, en consecuencia, eran más conocidos los períodos de vulnerabilidad, se fue modificando esta visión en favor del examen periódico de salud. En éste, se tienen en cuenta como variables fundamentales el sexo y la edad de la persona a la que van dirigidas las iniciativas preventivas. Mientras que en algunos casos la aplicación de una medida puede estar indicada con periodicidad anual, en otros se puede realizar con intervalos más largos. Esta propuesta ya venía reflejada en el planteamiento del Canadian Task Force on the Periodic Health Examination y posteriormente ha sido adoptada por la gran mayoría de estamentos que realizan recomendaciones en el ámbito de la prevención. En ocasiones, sin embargo, estas dos variables (edad y sexo) pueden por sí solas no justificar la práctica de una medida preventiva (por ejemplo, en enfermedades de muy baja prevalencia para ambos sexos) y se hace necesario delimitar aquellos grupos de individuos que comparten las características que hacen más probable el padecimiento de la afección a prevenir. Es así como nace el concepto de alto riesgo.
Los grupos de alto riesgo pueden estar determinados por motivos tan diversos como los condicionantes genéticos, la presencia de enfermedades preexistentes, los hábitos o conductas personales o simplemente la pertenencia a una población con una prevalencia aumentada de la enfermedad.


